Capítulo 9 - La gente y su trabajo.

Fragmento: Hacendados y terratenientes.
[Páginas 291 a 292]

Había hacendados y hacendados. Algunos vivían en sus tierras, otros las recorrían de vez en cuando y esto ocasionaba problemas. La gente de Gualeguaychú le pedía al Virrey que obligara a los dueños de estancias a ocupar las tierras declaradas en propiedad. No obtenían respuestas.
La diferencia entre terratenientes y hacendados se relacionaba con el lugar de procedencia y los vínculos políticos. Nada nuevo. Por ejemplo, doña Josefa de Landa era una viuda rica que quería ser hacendada del partido, algo “...más recomendable que otra alguna de las poblaciones del campo...”, según sus propias palabras.
La señora de Landa había solicitado la adquisición de un campo al norte del que habitaba, entre los ríos Gualeguaychú, Uruguay y el paraje denominado Las Perdices. Tener más tierras implicaba tener más cabezas de ganado, la fuente de la riqueza más codiciada.
Como los conflictos que generaba la posesión de los campos podían dirimirse en una audiencia con el Virrey, doña Josefa, a pesar de ser mujer, logró la entrevista y explicó sus razones. Juan Carlos Wright, dueño de más de ochenta leguas que había comprado por poco más de dos mil pesos, era uno de sus oponentes. Doña Josefa quería ser dueña de tierras con rinconadas, porque era la única forma de rodear los animales.
El juez subdelegado en Buenos Aires era nada menos que Manuel Basavilbaso, el amigo de Domingo Belgrano. Ordenó que realizaran la mensura y sacasen las tierras a subasta pública. Todo un problema para esta mujer, viuda ya de Landa. Podía perder el Rincón. Decidida a no abandonar su lucha, habló con Basavilbaso y demás jueces. Insistió ante el Virrey, quien pretendía saber la opinión de Rocamora. Al final, después de varios años, el fiscal se expidió a su favor.
Las mensuras de los campos generaban muchas veces serios conflictos, esto ocurrió, por ejemplo, cuando un funcionario medía tierras linderas a la estancia de Justo Esteban García de Zúñiga. Al terrateniente no se le ocurrió mejor idea que mandar a sus negros esclavos a intimidar al piloto. Francisco García Petisco se quejó por ello al Comandante General de Entre Ríos. En el reclamo decía que el propietario mencionado había...

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