El puesto de las Gazetas



EL PUESTO DE LAS GAZETAS
Artículo periodístico
Publicado el día domingo 27 de junio de 2010 en el Diario "El Día" de Gualeguaychú
Textos: Prof. Elisa María Fernández
Ilustración: Arquitecta Marina Sosa

En la actualidad solemos comprar diarios, revistas y periódicos en los kioscos, salvo que recibamos dichos ejemplares en nuestro propio domicilio. Es una costumbre moderna que puede verse perjudicada con el avance de la tecnología. Las modas “on line” suelen reemplazar el sistema por cuestiones de costo y comodidad.
Sabemos que la publicidad es imprescindible para el sostén de cualquier medio masivo de comunicación. Esto fue lo que pensó el Conde Luis Enrique de Liniers cuando proyectó publicar las noticias en un periódico con el apoyo económico de los avisos, veinte años antes de la revolución de 1810.
El hermano mayor de Santiago José de Liniers, pretendía establecer un “Puesto de las Gazetas”, esto es un lugar también llamado “tenderete” o “tiendecilla” hacia donde debían dirigirse todas las noticias que se quisieran “dar al público”(1) o bien propagandas que solventaran los gastos de edición del periódico. Cualquier información era válida para lograr el esfuerzo: publicidad de ofertas de comestibles, avisos necrológicos, noticias políticas o actividades artísticas relacionadas con el teatro y la literatura. El proyecto establecía que los avisos se insertarían por orden de fecha.
Si las publicidades no abarcaban más de diez o doce palabras estaban exentas de cobro. El interés pasaba por aquellas que ocuparan un espacio más amplio que diez renglones o media cuartilla, pues así se pagarían.
El hermano de quien fuera Virrey en la época de las invasiones inglesas, había llegado con esas ideas renovadoras haciendo ostentación de su título de nobleza, obtenido por ser hijo primogénito de una familia francesa que remontaba sus menciones honoríficas al siglo XIII. El conde aventurero no estaba equivocado en cuanto a la ausencia de medios periodísticos en la capital del Virreinato del Río de la Plata. No se explicaba que siendo Buenos Aires un lugar importante por su posición y comercio, careciera de una gaceta particular. Lo que no tenía en cuenta el conde es que a la gente poco le preocupaba esta situación y los comerciantes de la época mostraban desinterés por la publicidad.

COMERCIANTES DE ENTONCES

Algunos dueños de negocios como Domingo Passo, el padre de Juan José Paso (quitó una “s” a su apellido) tenía muy controlada la provisión de pan en la plaza mayor, era el panadero más importante de la época y su tienda de la calle San Carlos -cercana al Convento de San Francisco- no necesitaba de propagandas dado que su red de relaciones estaba formada. Tampoco eran imprescindibles para Manuel Ventura (o Bentura) de Haedo, dueño de una tienda de ventas “al menudeo” en la calle de la Merced. Ya había establecido sus contactos comerciales con algunas villas como la de San José de Gualeguaychú. Le iba tan bien en el negocio que mandó buscar a Europa un sobrino llamado José Antonio de Haedo, para que lo ayudara en sus actividades. Ni que decir de Domingo Belgrano Peri, el padre de Manuel. Los negocios con su socio y yerno Julián Gregorio de Espinosa y Rocha, el esposo de Florencia, iban de parabienes. Eran vecinos y “del comercio” con tiendas y cuartos que todos conocían. El proyecto no dio resultado y, según nos dicen Rivera y Quintana: “Es ésta, sin duda, la primera iniciativa de publicidad comercial que registra la historia de nuestro periodismo”(2).

EL PERIODISMO DE AQUELLOS TIEMPOS

Las iniciativas de Luis Enrique de Liniers, el francés que según dicen algunos historiadores andaba en negocios de contrabando, perjudicaron económicamente a su hermano menor. No sólo las del periódico, también las de la fábrica de pastillas o tabletas de gelatina, que había intentado. Tanto que don Santiago José tuvo que pedir por favor algún puesto vacante en el virreinato para poder resolver su situación económica unos años antes de ser elegido virrey interino.
El año 1791 fue muy movido en cuanto a las cuestiones comerciales. Las medidas tomadas por Real Cédula en España así lo permitían. Los comerciantes españoles podían introducir negros e instrumentos de labranza y vender sus frutos en varios puertos.
Fracasada la iniciativa de Liniers, a pesar de estar habilitada en Buenos Aires la imprenta que había sido de los jesuitas -allá en Córdoba- , la capital del Virreinato no tuvo periódico hasta 1801, cuando se publicó “El Telégrafo Mercantil” editado por el español Antonio Cabello y Mesa; aunque hubo algunos manuscritos que aparecieron con anterioridad.
Al año siguiente, los hombres de campo estaban muy contentos con la iniciativa de Hipólito Vieytes. El dueño de la jabonería, defensor de los saladeros y de la harina de trigo, decidió impulsar el “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”. Este hombre nacido en San Antonio de Areco fue en realidad el primer periodista criollo.
En los comienzos de los tiempos revolucionarios, el periódico también resultaba necesario para publicar noticias e ideas: esto llevó a la Primera Junta de Gobierno a publicar y subvencionar la “Gazeta de Buenos Ayres” en la que escribieron algunos artículos Mariano Moreno y demás miembros del nuevo gobierno bajo la mirada de su director, presbítero Manuel Alberti. El primer número del periódico oficial fue publicado el día jueves 7 de junio de 1810. Los lectores de la época también podían enterarse de algunas noticias en el “Correo de Comercio” editado desde el mes de marzo del mismo año y dirigido por Manuel Belgrano.
Las ideas de los criollos despertaron reacciones de índole política en los realistas de la Banda Oriental, expresiones opuestas que pronto se publicaron en la imprenta de “la Carlota” como solían decirle a los talleres donde se editaba la “Gazeta de Montevideo” que comenzaba a llegar a nuestra región al igual que la de Buenos Aires; aunque la mayoría de la gente que empezaba a vivir situaciones conflictivas tenía su postura adoptada frente a la información dada por los pasquines, periódicos, carteles, volantes y rumores de diferentes lineamientos políticos que solían circular.
Los entrerrianos no debemos olvidar el periodismo del interior, el de las ideas autonómicas que también se escribieron en esas gacetillas. “La Gaceta Federal” fue editada gracias a la imprenta ingresada a nuestra provincia por el general chileno José Miguel Carreras. No era Entre Ríos el destino del invento de Gutenberg, pero dadas las circunstancias políticas ocurridas en Chile, la imprenta fue trasladada de Montevideo a Concepción del Uruguay y de esta villa a Paraná en 1819.
El tipógrafo Indalecio Palma acompañaba a Francisco Pancho Ramírez, “como único práctico del oficio en ese entonces”(3), Cipriano J. de Urquiza y el general Carreras redactaban los escritos. Es este “el primer periódico provincial de carácter político, no solamente en Entre Ríos, sino en el interior del país”(4).
La reasunción de la soberanía adquiría características propias en nuestra región, Artigas así lo había expresado y la zona del litoral era partícipe del sistema federal con la presencia de Ramírez y su gente.
El periodismo ha sido en todos los tiempos un medio importante para la comunicación de las personas. En la actualidad, la libertad de expresión es uno de los principios básicos del sistema republicano democrático ya que permite la exteriorización de la libertad de pensamiento. Los diarios y periódicos deben compartir con los demás medios masivos de comunicación la función de contribuir a la formación de la opinión pública. En homenaje al esfuerzo hecho por los hombres de Mayo en relación al periodismo, es que en el Congreso de los hombres de prensa reunidos en Córdoba en el año 1938, se decidió considerar la fecha del inicio de la Gazeta de Buenos Ayres como “Día del Periodista”.

(1) Rivera, Ángel y Quintana Raúl. Aparición de los géneros periodísticos en la época colonial. Buenos Aires, 1945.
(2) Ibídem.
(3) Ciapuscio, Pedro Z. Villaguay en la Memoria de un periodista. Entre Ríos, 1973.Colaboración bibliográfica de Mario Enrique Ríos.
(4) Urquiza Almandoz, Oscar F. Historia de Concepción del Uruguay. Tomo I, Santa Fe, Editorial Entre Ríos, 2002.

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