Gualeguaychú en 1910. Una ciudad en movimiento.


GUALEGUAYCHÚ EN 1910.UNA CIUDAD EN MOVIMIENTO.
Artículo periodístico

Textos: Prof. Elisa María Fernández
Ilustración: Arquitecta Marina Sosa


Nuestra ciudad, que había dejado de ser una villa en tiempos de Urquiza, era uno de los centros urbanos de "mediano tamaño” en la época del Centenario de la Nación Argentina.
El proceso de urbanización de Gualeguaychú resultaba notorio, tenía más de ocho mil habitantes, por lo que poseía categoría de municipio.
Similar a lo que hoy sucede, sus habitantes habían formado una comisión de festejos del acontecimiento. Se promovía una suscripción para contribuir ante los gastos y se solicitaba a los gobiernos nacional y provincial, aportar subsidios.
El movimiento de embarcaciones, -vapores, lanchas y chatas-, brindaba un aspecto dinámico a la ciudad que progresaba.
La Capitanía del Puerto, los viejos galpones y la plaza Colón delineada con cercos de material,- según ordenanza de 1893-, constituían los referentes portuarios del momento. Por allí pasaban los cargamentos de animales, cereales y extractos de carne enviados a diferentes destinos. A pesar de la ausencia de la costanera que hoy conocemos, la zona era uno de los lugares de trabajo y esparcimiento.
Los avances de la ciudad no sólo se relacionaban con lo económico. Desde diciembre del año 1909 se escuchaban rumores interesantes relacionados con la fundación de una Escuela Normal.
Las promesas políticas sobre la construcción del edificio se venían postergando desde tiempos anteriores. Ya en el año 1907 habían prorrogado por el término de ocho meses el plazo acordado al “Consejo Administrativo de la Enseñanza” para empezar la edificación. El terreno había sido donado por la Municipalidad y estaba ubicado entre las calles que entonces se conocían como Federación, Patagonia, Uruguay y Suipacha (meses después cambiarían las denominaciones). El espacio destinado a la nueva escuela no podía estar cercado con “alambre de púa”, según las ordenanzas que lo prohibían por el peligro que representaba para los peatones.
El decreto de creación de la escuela se hacía esperar. Los habitantes reclamaban y esperaban la firma de José Figueroa Alcorta, presidente de la Nación.
En el gobierno nacional sabían que la formación docente era indispensable para transformar el sistema educativo y desde allí fomentar el desarrollo de la nacionalidad, sobre todo con los avances de la sicología. Los especialistas en las nuevas disciplinas avanzaban en sus investigaciones.

EL DECRETO ESPERADO

Al final, el decreto sobre la fundación de la Escuela Normal Mixta, fue firmado por el presidente el 15 de enero de 1910.
Lo de “mixta” resultaba poco común para una sociedad en la que todavía permanecían las diferencias de género. En el mes de febrero ya había 250 niños y niñas inscriptos en la escuela primaria de aplicación, además de 30 jóvenes para el primer año del curso normal. Una matrícula interesante para un tiempo en que los sectores medios se veían beneficiados con el modelo educativo.
Los jóvenes provenientes de hogares humildes tenían acceso al sistema a través de las becas, aunque fueron sólo diez los niños beneficiados. Este era un subsidio sujeto a la buena conducta y estudio de parte del beneficiario, en caso contrario, el Presidente de la Municipalidad, podía suspender “ipso facto” el pago.
A Don Alfredo Villalba, profesor de pedagogía y castellano, lo nombraron Director de la nueva institución. Era una garantía para el funcionamiento de la escuela. Se había graduado en Paraná, donde la prestigiosa escuela de aquella ciudad, tenía años de trayectoria.
La construcción del edificio nuevo causó gran alegría. Los ediles, mientras tanto, pensaban en mejorar el trayecto de recorrido hacia la escuela. Caminar hasta allí no debía ser una complicación para alumnos y maestros, por lo que se aprobó la ordenanza declarando el empedrado obligatorio de las calles que circundaban la moderna construcción.
En “El Noticiero” se podía leer el dictamen que decía:
“…adoquinado de piedra con base de pedregullo y arena en las calles Carlos Pellegrini entre G. Méndez y Olegario V. Andrade. Gervasio Méndez entre Carlos Pellegrini y Suipacha y Suipacha entre Olegario V. Andrade y Gervasio Méndez…”
Así, para mediados del año 1910, los alumnos de la Escuela Normal Mixta de Gualeguaychú transitarían por el empedrado hacia el nuevo edificio escolar.
La calle 25 de Mayo estaba adoquinada en madera. La ex “24 de enero” se financiaba a través de la contribución por mejoras.


EL PAISAJE URBANO

Los del Centenario eran tiempos de modernización. El diario “El Noticiero” comentaba sobre los 40.626 inmigrantes europeos que arribaban a la ciudad de Buenos Aires. El país de seis millones de habitantes vivía un tiempo de grandes festejos, pero también de muchos reclamos.
Solían escucharse voces que pedían elecciones limpias, exentas de fraude, pero sobre todo que gobernaran los dirigentes elegidos por el pueblo. Pero eso sólo se podía lograr con el voto secreto y obligatorio. Algo todavía muy resistido.
Mientras tanto, nuestra ciudad crecía y así como la apertura de todas las calles comprendidas dentro de la planta urbana debía realizarse, los propietarios de los terrenos debían cercarlos. En la avenida “Mendoza”, que pasó a llamarse Primera Junta en 1910, el cercado tenía que ser de pared y vereda, es que hasta allí llegaría el servicio público de alumbrado eléctrico y a gas con luz incandescente por el lado oeste.
Tal como lo había planeado Rocamora con la implementación del damero, la ciudad se podía ampliar o disminuir sin ningún inconveniente siempre que se tuvieran en cuenta las estrategias urbanas. La delineación de calles respondía a un esquema sujeto al plano municipal para lo cual se habían contratado medidores públicos.
Era todo un problema el de las construcciones fuera de línea o el de las que estaban en mal estado; para colmo en algunos lugares las puertas y ventanas abrían hacia la calle y eso ocasionaba accidentes. Ni que decir con los salientes de escalones o zócalos en la vereda. Por estas razones, los concejales del año 1906 sancionaron una ordenanza con algunas disposiciones para las nuevas edificaciones.
La gente prefería cada vez más los espacios urbanos para vivir y los martilleros remataban lotes en los “boulevares” (Rocamora y actual Aristóbulo del Valle). Es que estaban cerca de la Sociedad Rural, el hipódromo y la estación del ferrocarril, de donde también partía el tranvía.
A fines de 1909 varios edificios daban una fisonomía particular a la ciudad, pero la Casa Municipal se veía deslumbrar en la calle Catamarca frente a la Plaza Libertad.
Les había costado tanto la construcción del palacio municipal que tuvieron que vender en remate público, cien hectáreas de tierra en el Gualeyán. Algo similar ocurrió cuando se necesitó un nuevo “Edificio para Mercados” en marzo de 1910. En esa oportunidad también llamaron a licitación pública por treinta días para la construcción de dicho edificio, en el sitio ubicado en las calles Chile, San Martín y Bolívar, donde ya funcionaba con el nombre de “1º de Mayo”.
Para este caso los terrenos fueron declarados de utilidad pública, por lo que la Legislatura de la Provincia de Entre Ríos sancionó la expropiación de los mismos. Las necesidades urbanas se acentuaban y los recursos del municipio dependían muchas veces de los loteos.
El tema de sanidad e higiene era también una prioridad en tiempos del Centenario; las enfermedades y contagios así lo indicaban, el control de los expendios de carne y verdura o los depósitos para agua corriente planteaban una problemática importante que los encargados de “Obras Públicas” debían resolver.
Por ello todos mencionaban el proyecto de construcción del nuevo hospital, el que iba a estar a cargo de la Sociedad de Beneficencia, el de la Caridad. Ese terreno pertenecía al Municipio y estaba ubicado en el lugar del Cementerio Viejo. Desde la altura de aquella lomada, donde al final se construyó el edificio que hoy conocemos como “Hospital Centenario”, en 1910 se observaba el crecimiento de una ciudad en movimiento.

Fuente: Municipalidad de Gualeguaychú. Recopilación de Ordenanzas, Decretos y Resoluciones. Buenos Aires, Talleres Gráficos de L. j. Rosso & Cía.1912.


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