Las fiestas de la Patria



LAS FIESTAS DE LA PATRIA
Articulo periodístico
Publicado el día domingo 23 de mayo de 2010 en el Diario "El Día de Gualeguaychú"
Prof. Elisa María Fernández

Las fiestas cívicas reflejan la integración de los habitantes en un ámbito de alegría que favorece el rescate de la memoria colectiva. Han sido y son una expresión didáctica, ponen de manifiesto la tradición, responden a la necesidad de permanente resignificación cultural y social de los pueblos. La participación activa de la gente las convierte en un hecho colectivo y socializador.(1)

PRIMEROS FESTEJOS

Hace ya doscientos años que los festejos públicos de carácter cívico adquirieron una característica muy particular en nuestra tierra, en especial las Fiestas Mayas.
En el año 1811 se realizaron los primeros festejos en el “perímetro cívico”(2) de la plaza de Buenos Aires. Allí los incipientes cambios de nuestra historia, la transición de lo colonial al proceso de independencia se reflejaron en los festejos de la Pirámide de Mayo, construida en esa época. Su arquitectura expresaba de alguna manera el nuevo tiempo político frente a las imágenes coloniales del Cabildo o los edificios de la Policía, la Catedral inconclusa, la vieja Recova (mercado) y el Fuerte de Buenos Aires. La pirámide era y es el monumento de la libertad, la imagen de lo material desde lo cultural a pesar de las transformaciones (y reubicación) sufridas a través del tiempo.
La fiesta tenía reminiscencias coloniales, pero la aceptación de la nueva situación política estaba presente y los festejos resultaban novedosos para la gente.
Era común en la segunda década del 1800, presentar tablados con alfombras destinados al baile de la contradanza o escuchar música interpretada por cuerpos militares, a modo de celebración de victorias de las tropas que llevaban la revolución al resto del territorio.
En aquellos primeros festejos “oficiales” no faltaban las carreras de caballos con jinetes sin monturas, los reñideros de gallos o las competencias de sortijas, ni retretas o funciones de gala en teatros con pisos de tierra.
Con los años se sumaron arcos triunfales y danzas de niños en la plaza, como lo indican las crónicas de 1827, simulacros de guerra aclamados por risas y gritos de la gente, salvas de artillería y fuegos artificiales.
Las formas y prácticas políticas o festivas cambiaron en los tiempos rosistas:
“las fiestas patrias servían al gobierno como un escenario donde se representaban ante el pueblo los principios del federalismo, la necesidad de continuar el esfuerzo de guerra y la gratitud del pueblo federal a Rosas y sus jefes militares”.(3)
Los festejos de la campaña bonaerense reflejaban de alguna manera los realizados en la plaza de la Victoria: solía observarse una pirámide de madera y papel esperando que el sol de mayo alumbrara las victorias federales.
Los soldados vestidos de “parada” o atuendo militar, esperaban los festejos, tal como ocurría en nuestra región donde la figura de Justo José de Urquiza no pasaba desapercibida.
Según Domingo Faustino Sarmiento, el baile era una pasión para el caudillo entrerriano. Siempre había baile en festejos patrios. Cuando en el ansiado evento participaban las “chinas”, según expresiones de la época hacia las mujeres de una condición social inferior, se comunicaba el lugar y todos concurrían vestidos de poncho, Justo José de Urquiza danzaba hasta las tres de la mañana. A las jóvenes mujeres les entregaban zapatos con tal de que no faltaran a la fiesta.
Las cosas cambiaban si el baile era de “parada” como en Buenos Aires. En esos casos, el general Urquiza se presentaba con charreteras y banda, cosa que llamaba la atención de la gente. No faltaba la “contradanza” como una proyección de las permanencias festivas.
La vestimenta cambiaba con la asistencia al teatro, y el frac de los hombres comenzaba a ser el centro de las miradas.

FESTEJOS DEL CENTENARIO

La organización del estado argentino daba un matiz diferente a las fiestas del Centenario. Argentina tenía en esos tiempos los elementos de atracción necesarios para recibir la inmigración europea. El pluralismo cultural era notorio y motivo de debate: los nuevos habitantes debían ser ciudadanos.
Más allá de las celebraciones propias de cada colectividad, las fiestas cívicas estaban presentes en la época como formas de expresión de una nueva sociedad argentina.
En Gualeguaychú se preparaban los festejos del Centenario, la ciudad estaba de gala: damas y caballeros comenzaban a recorrer las calles de la localidad con los símbolos patrios vendidos a precios accesibles, aunque se solían escuchar las quejas de algunas reticencias en el uso de la insignia.
El tiempo libre parecía cambiar los hábitos en la vida de los trabajadores y el cinematógrafo era esperado con ansiedad en todas las fiestas. La mala interpretación sobre el alcance del feriado “largo” de 1910 provocó algunos disgustos. Es que los gobiernos nacional y provincial habían dictado un decreto de una semana de festejos, así lo entendieron los trabajadores. Nadie pensó que se refería sólo a las oficinas públicas que no perjudicaran con su cierre al común de la gente.
El mensaje no era imperativo decían los gobernantes, los obreros debían entender que la prescindencia del trabajo durante un cuarto del mes tendría consecuencias negativas en la economía “de chimeneas”. Lo cierto es que a los trabajadores no les quedaba otra opción que aceptar tres días de festejos, los llamados mayores: el 24, el 25 y el 26 de mayo respectivamente. Ellos cobraban por jornal de tareas y la forzosa abstinencia laboral de ocho días podía perjudicarlos(4).
Los gualeguaychuenses desbordaban en las calles participando de la procesión patriota precedida de banderas o del corso de flores organizado por las damas de la Caridad.Largas filas de carruajes recorrían las arterias y el “carro alegórico” a la patria concentraba la atención de las cinco mil personas reunidas para el evento.
La gente de los barrios comentaba deslumbrada los festejos de la plaza, era un motivo de distracción y entretenimiento que casi se convirtió en tragedia cuando una tribuna colocada para el acto de inauguración del monumento a San Martín se desplomó, días después, con toda la concurrencia; afortunadamente no hubo mayores consecuencias y fue para los más chicos motivo de gracia.
Mientras tanto, los corredores de sortija se reunían en el restaurante de Venicelli para organizar el festejo a realizarse en el Gualeyán, los premios eran demasiado tentadores como para rechazar la oportunidad. Nadie quería perder la ocasión de ganar algún anillo de diamantes, brillantes o rubíes, aunque algunos prefirieran ver “El canario del coronel” o “Pepe, el tranquilo” en el cinematógrafo de la Plaza Independencia; algo más cómodo que viajar en el techo de los coches en medio de la noche fría para regresar del banquete popular del arroyo mencionado.
Han pasado ya doscientos años de los comienzos de la Nación Argentina y las fiestas y celebraciones continúan, con sus cambios y permanencias, pero por sobre todo con la participación colectiva y los símbolos patrios en casas y edificios. La banda de música sigue siendo el ingrediente preponderante en los festejos y la gente transita con cierto ritmo la plaza y demás lugares escogidos para la ocasión, al par que se escuchan diversos sones: los de las fiestas de la patria.


(1) Fernández Elisa y Luisa Melchiori. Entre Ríos, Huellas en nuestra historia. Delta2009.
(2) Aliata,Fernando. Cultura urbana y organización del territorio. Nueva Historia Argentina.
Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1998.
(3) Salvatore, Ricardo. Consolidación del régimen rosista. Idem nota 1.
(4) Instituto Osvaldo Magnasco. Hemeroteca. El Censor, mayo de 1910.
Colaboración: María Luisa Melchiori, Carolina Solte Wilde, Marina Sosa.

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