Postales del Centenario


POSTALES DEL CENTENARIO
Artículo periodístico
Publicado el día domingo 2 de mayo de 2010 en el Diario "El Día" de Gualeguaychú
Textos: Prof. Elisa María Fernández

En la actualidad es poco común el envío de postales. La tecnología ha desplazado de alguna manera el uso de esas tarjetas grabadas en una de sus caras con fotografías o dibujos y enviadas por correo. Sin embargo era una costumbre de utilización corriente en tiempos del Centenario.
El Centro Filatélico de Buenos Aires publicaba en el interior las ofertas. Podía leerse en letra de molde avisos que ofrecían tarjetas postales de diferentes lugares del país. Las de colores costaban tres pesos el ciento, aunque se las podía solicitar opacas, en sepia, verde o azul.
Los precios variaron en el mes de mayo de 1910: es que los festejos de la Nación Argentina adquirieron una relevancia tan particular que aumentaron los costos de lo que se realizaba en función de la celebración.
Es interesante observar las tarjetas conservadas en colecciones particulares (1), las mujeres querían ser partícipes de la novedad, por lo que el óvalo del rostro de la “dama del Centenario” permanecía vacío, a la espera de ser completado en relieve por quien lo enviara (como podemos observar en la imagen). Bastaba con abonar el estampillado que también respondía al momento que se estaba viviendo. Así se podían encontrar estampillas a cinco centavos con el retrato de Saavedra o a diez centavos con las imágenes de French y Berutti repartiendo divisas. Las había de mayor valor, como las que representaban a Moreno y Paso, equivalentes a un peso. Y más caras aun para quienes tuvieran billetes “canarios” como les llamaban a los de cien pesos.
La muestra arquitectónica de la opulenta Buenos Aires no podía quedar inadvertida en esos momentos y las tarjetas eran un medio para mostrar los avances materiales. Algunas de esas obras monumentales como el Edificio del Palacio de Justicia (Tribunales), el Teatro Colón o el cuerpo Central de la Casa de Gobierno- conocida desde los tiempos de Sarmiento como Casa Rosada-, eran exponentes de la arquitectura oficial del siglo XX caracterizada por el lujo y el boato; la del modernismo y sus elementos decorativos.
En el diario El Censor de nuestra ciudad describían con asombro lo que ocurría en la Capital Federal; los cronistas anotaban:
" (…) una ciudad en obra,(…)ruidos constantes de la actividad ordinaria, que se ve mas que se siente, como un afecto necesario del movimiento, haciendo resonar la ciudad toda con los golpes del martillo, el chirriar de las sierras, los latidos presurosos , el bufido de las máquinas y el rumor de los hombres afanados;(…).
En lo alto, obreros en sus andamios suspendidos en las fachadas, pintando, revocando, instalando líneas de iluminación, obreros rematando construcciones; (…).
Abajo, en tierra, lomos de gente agachado que cava, adoquina, acarrea, despeja, remueve, construye y destruye..." (2)
Eran tiempos contradictorios, tiempos de grandes festejos y muchos reclamos.
En la ciudad portuaria las huelgas obreras y conventillos desbordados de gente daban un marco particular a las fiestas del Centenario. Luchas y agitaciones sociales -urbanas y rurales- contrastaban con la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo.
Gualeguaychú, como todas las ciudades del país, organizaba también los festejos. Al igual que la Capital Federal, los habitantes de nuestra ciudad se preocupaban por las estatuas alegóricas al momento. No tan fastuosas como la del Monumento de los Españoles obsequiada por la colectividad hispana o el Monumento al Ejército de los Andes, allá en Buenos Aires. El Honorable Concejo Deliberante de nuestra ciudad autorizaba en esos tiempos la colocación del Monumento al General Don José de San Martín, en el lugar donde se encontraba la columna de la Plaza Independencia. Dicha columna debía servir de base para la construcción del pedestal de la obra.
Mientras tanto, las familias recibían y compartían postales como la realizada por el joven Juan M Gavazzo, oriundo de nuestra ciudad, pero residente en la ciudad porteña. Era ésta una tarjeta diferente a las demás, se destacaba por un retrato hecho a la pluma de Carlos Pellegrini. El gualeguaychuense comenzaba a sobresalir como artista en Buenos Aires.
En la vida cotidiana de Gualeguaychú el Centenario se podía palpar en las compras. No sólo por las ofertas en trajes y sobretodos del negocio “La Aurora” de Pascual Venditti o los sombreros, tocas y gorras de las casas de moda femenina; también la comida tenía en ocasiones nombres de inspiración patriótica. La confitería Apolo ofrecía “pasteles al San Martín”, “empanadas Rivadavia”, “merengues Belgrano” y “lechón a la San Lorenzo”.
Las pastas hechas por los italianos no estaban ajenas a los festejos. Benicelli Hermanos ofrecía en el diario local un menú con nombres conocidos: “ravioles Moreno”, “tallarines a lo Garibaldi” o “lechón y cordero Centenario”. No es muy probable que los ingredientes fueran diferentes, pero dado el momento sería una herramienta de ventas. Seguramente el menú con “los tallarines a lo Garibaldi” no habrá caído bien a los descendientes de José Antonio de Haedo y Petronila Borrajo o a los de Francisco Lapalma, aunque hubiera transcurrido más de medio siglo del ataque del italiano a la villa.
Lo cierto es que con tantos preparativos poco importaba el eclipse total de luna visible en toda la República o los presagios anunciados por la presencia del cometa Halley, por lo cual, según decía el diario: “nadie se suicidó entonces”(3).
Las postales de entonces reflejaban una cara de nuestra historia, la de una Argentina próspera, aunque se vislumbraba un cambio, el de una transición en lo político y social. La Nación esperaba entonces el sufragio universal y obligatorio, pero por sobre todo secreto.
Nos queda pensar hoy cómo serían, si se usaran como entonces, las “Postales del Bicentenario”.

(1) Gómez Cattáneo, Francisco y Marta Echeverría. Colección familiar de tarjetas postales del Centenario.
(2) Periódico "El Censor". Hemeroteca: Instituto "Osvaldo Magnasco".
(3) Ibídem.