Pesquisas Urbanas 1ra Parte



PESQUISAS URBANAS
Artículo periodístico
Publicado el día domingo 24 de enero de 2010 en el Diario El Día de Gualeguaychú
Textos: Prof. Elisa María Fernández
Ilustración: Arquitecta Marina Sosa

LA CALLE 24 DE ENERO, HOY 25 DE MAYO

Nosotros la conocemos como calle “25 de Mayo” pero antes se llamaba “24 de Enero”.
Estamos tan acostumbrados a identificarla con la fecha de la formación del primer gobierno patrio que casi no recordamos su antiguo nombre.
La nomenclatura de nuestras calles forma parte de la historia, tal como sucede con los acontecimientos que han ocurrido en su trayecto a través del tiempo, y permiten reconstruir una realidad histórico-social. Estos caminos por donde transita el poblado se convierten en testimonios silenciosos de lo cotidiano y lo permanente, de lo individual y lo colectivo.
En la actualidad, el conocimiento del nombre de las vías públicas resulta imprescindible por un sentido de orientación y ubicación espacial, aunque los adelantos tecnológicos avanzan de tal manera que facilitan la tarea al momento de desplazarse hacia algún lugar.
En los primeros tiempos, la calle que hoy conocemos como “25 de Mayo” no era la principal, tampoco la más transitada, pero con el tiempo su importancia cambió.
Para la época de la plantificación de las villas sólo se mencionaban los nombres de las vías públicas que rodeaban la plaza mayor. En la mayoría de los casos, las nomenclaturas se relacionaban con advocaciones religiosas o nombres de autoridades políticas coloniales. Tampoco resultaba necesario ubicar carteles que identificaran los caminos peatonales, la gente no los utilizaba como punto de referencia.
Con el tiempo las necesidades fueron cambiando. La villa adquirió la categoría de ciudad, la población aumentó en número de habitantes, el comercio prosperó y las calles comenzaron a tener su nomenclatura. En realidad desde 1849, la “24 de Enero” figuraba en un plano de las vías públicas de la villa. Eran tiempos del Gobernador Justo José de Urquiza, reconocido en la región debido a sus actividades políticas y económicas, por lo que su presencia en nuestra localidad se observaba con frecuencia.
Cuentan que un año antes de su asesinato- ocurrido en 1870-, Justo José de Urquiza llegó a nuestra ciudad en el mes de abril. Era horario de siesta pero la gente no perdía esa oportunidad. Los sonidos de cohetes y salvas de artillería se escuchaban desde las chacras y quintas y en el muelle se observaba una expresión de participación social importante en la ciudad.
El carruaje preparado para la oportunidad esperaba la presencia del General, pero el Gobernador prefirió caminar.
Una vez transcurrido su paso por las calles empedradas del puerto, llegó a la esquina de las conocidas arterias Independencia y 24 de enero.
A esta vía peatonal, por la que también circulaban carruajes y caballos, la llamaron así debido a una de las batallas librada por Urquiza en la Banda Oriental. La hubieran podido denominar “Sauce” como se llamaba el lugar donde se produjo el enfrentamiento, pero prefirieron recordar la fecha del combate realizado cinco años antes de indicar la nomenclatura de la calle en 1849.
La arteria principal llevaba el nombre del General, pero el Hotel del Vapor, que había comenzado como fonda, estaba en la “24 de Enero” y era uno de los lugares más concurridos de la época. En esa esquina (actual 25 de Mayo y Mitre) a la que llegó el Gobernador se juntaba gente de diferentes nacionalidades. Los visitantes de ascendencia anglosajona preferían el hotel ubicado haciendo cruz al de don Pedro Urtazún, propietario del primero.
Las colectividades tendían a unificarse y el idioma era uno de los problemas de los nuevos pobladores. Entre los acompañantes de tan esperada visita figuraban italianos como Domingo Garbino, españoles, franceses, ingleses y también criollos y portugueses . Para los ingleses, la “24 street” debía tener un cartel que diera la “bienvenida” en su idioma al Gobernador de la provincia y así le escribieron la palabra “welcome”.
Era tan importante la visita del funcionario que nadie escatimaba esfuerzo en manifestar su adhesión. Por eso levantaban “arcos de triunfo” -cual si fuera un general romano-, con los nombres de las batallas ganadas.
Justo José de Urquiza tenía su casa en la calle 24 de Enero de nuestra ciudad (esquina sureste de 25 de Mayo y España). Allí solía vivir con su esposa Dolores Costa que era oriunda de la localidad. Hasta ese lugar debió caminar el general en medio de un grupo de personas que deseaban verlo pasar.

DE LA CALLE DE TIERRA AL EMPEDRADO

No resultaba fácil transitar por las calles de tierra de la ciudad, por eso los recorridos se realizaban en los horarios de luz solar. La iluminación artificial era escasa. Los vecinos solían olvidarse de encender los faroles y la 24 de Enero estaba llena de pozos. La nivelación regular de las calles se perdía como consecuencia del barrido realizado a través del tiempo, además de la erosión natural del viento. Con las lluvias el agua quedaba estancada y el tránsito público se veía perjudicado por el barro. Era un motivo de conflictos el cruce de carros de dos y cuatro ruedas cargados de mercaderías o el galope de caballos en tiempo de precipitaciones o sequía. La gente reclamaba el accionar de las autoridades para evitar las huellas y zanjones que quedaban en calles y caminos principales o para impedir las nubes de polvo que traían complicaciones al respirar.
La Jefatura política de la ciudad solía dar avisos para mantener la higiene de las vías públicas, pero la gente seguía tirando la basura a la calle, por eso informaron al vecindario que los días miércoles y sábados de cada semana pasarían las carretillas de la policía por el frente de las viviendas. Era obligación del vecindario colocar los residuos en cajones o recipientes para facilitar el servicio. En caso de no hacerlo o dejar suelta la inmundicia se cobrarían multas. Aunque la gente, poco caso hacía a las normas.
Las veredas eran escasas y los terrenos baldíos complicaban la circulación de los peatones. Los decretos de 1852, dirigidos a los Comandantes Militares (1), mencionan la necesidad de poblar los solares desposeídos. Años más tarde se vendían a un peso la vara de frente con el fondo correspondiente.
La experiencia del empedrado de las quince calles del puerto demostraba la transformación urbana que lograba este sistema vial; un cambio en el aspecto externo que mejoraba la calidad de vida de la gente. El barrio del puerto era un centro de oportunidades ocupacionales, pero la “24 de Enero” no era una calle marginada de la expansión económica que se podía observar.
Desde la década de 1870, las ciudades latinoamericanas en general, comenzaron a transformarse en lugares de movilidad social y eso se vio reflejado en la vida de nuestra ciudad.
Como las necesidades y exigencias urbanas aumentaban, las autoridades municipales debieron acordar la apertura de un “Libro de Resoluciones” para registrar los Acuerdos y Ordenanzas que emanaran de las autoridades correspondientes. (2) La calle General Urquiza siguió siendo el eje principal de la ciudad. Así lo establecía la ordenanza sobre la División en ocho Secciones o Cuarteles del territorio del Municipio dictada en 1875. La 25 de Mayo figuraba en los límites de la primera división.
Las normas ordenaban lentamente el movimiento en la ciudad, los vecinos de las calles General Urquiza y 25 de Mayo debían cumplir con las exigencias sobre las disposiciones del barrido en el corto trayecto del primer empedrado realizado cerca del lugar.
Aunque las veredas fueran un tema de discusión por el estado en que se encontraban, resultaba necesario nivelar las calles del Municipio. Por ello aceptaron el ofrecimiento del agrimensor Vicente Matti. La nivelación regular exigía ciertos puntos de referencia, por lo cual los propietarios de casas y negocios debían aceptar que en los frentes de las viviendas fuera pintado al aceite un cuadro donde se podían observar dichos puntos. Como era de “interés común” nadie podía borrar ni blanquear el referente elegido para nivelar. Habían pasado siete años del asesinato de Urquiza y todos hablaban de la calle “25 de Mayo”.
Los concejales comenzaron a escuchar y observar los problemas de la ciudad. Fue necesario dictaminar entre otras disposiciones los límites en la carga del tránsito “pesado” de la época por las calles del centro de la ciudad.
Lentamente la calle 25 de Mayo se fue convirtiendo en un lugar importante de Gualeguaychú. No había pasado un año de la disposición sobre la nivelación y ya se veía la posibilidad de establecer un nuevo hotel a la cuadra del perteneciente all señor Urtazún.
Estas actividades eran indicadores del movimiento y “trasmutación de las clases medias.Ciertamente, no faltaban antes. Las constituían quienes ejercían el comercio o una profesión liberal (…).Pero en todos estos esos sectores hubo una expansión que creó nuevas posibilidades y expectativas. La ciudad era, fundamentalmente, un centro intermediario, y las necesidades de esa función multiplicaban las de la producción misma” (3) .

(1) Leyes y Decretos Gubernativos de la Provincia y Contratos. Resolución Octubre 25 de 1852. Paraná.
(2) Sala de Sesiones. Acuerdo Organizando el Libro de Actas y creando el de Resoluciones. Digesto de la Municipalidad de Gualeguaychú. Enero 1º de 1875.
(3) Romero, José Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas. México, Siglo XXI, 1976.
Hemeroteca Instituto "Osvaldo Magnasco "

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