Capítulo 10 - La transición de la colonia a la independencia.

Fragmento: 1810: El año de los criollos.
[Páginas 325]

Pero como no se hicieron los nombramientos debidos, el Cabildo santafesino continuó designando al alcalde. La Bajada del Paraná seguía postergada.
Menos mal que en el mes de abril de ese año, le ratificaron a don Juan Garrigó el nombramiento de Alcalde de la Hermandad; demasiado habían pasado tiempo atrás con los abusos de autoridad cometidos por José Castelló, un juez comisionado. Doña María Josefa Acosta, vecina del Pajonal, se quejaba por los atropellos sufridos en sus ganados y habitaciones. El juez pretextaba hacer justicia en algo que no correspondía.
Para la misma época, había llegado el oficio del Virrey aprobando la elección canónica de los cargos del “concejo” de la villa de Gualeguaychú. Ya se hablaba de la obediencia al otro “consejo” (el de Regencia), allá en España.
En la villa de San Antonio de Gualeguay la mayoría de los miembros del Cabildo eran españoles. El Virrey también andaba detrás las elecciones en ese lugar.
Criollos y peninsulares tenían cada vez más diferencias en cuanto a cómo ejercer el gobierno y a quiénes designar en los cargos. Bartolomé Zapata, por ejemplo, dijo del médico de Gualeguaychú don Juan Lamego:
“…Este portugués es el que decía a voces y en público que en cada una de estas villas se había de colgar una cabeza de los de la Junta de Buenos Aires (…) (por eso) le dio (…) tan fuerte chirlo, que lo dejó a sus pies aleteando como un pollo, no muerto pero sí atolondrado…”.
Como sucedía en todas las villas, muchos españoles eran realistas. Valentín José Sopeña, radicado en Gualeguaychú, no podía soportar las ideas de los criollos. Fue uno de los más exaltados a la hora de perseguir a los...

* Ilustración: León Palliere

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